Mundial FIFA 2026: Un torneo polémico entre visas, precios y política en EE. UU

El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, calificó al Mundial de 2026 como “el mayor evento que la humanidad haya visto jamás”. La edición, que se celebrará en Estados Unidos, México y Canadá, será la primera disputada en tres naciones y la primera con 48 selecciones, lo que la convierte en la más inclusiva y unificadora según el organismo rector del fútbol.
No obstante, diversos observadores utilizan calificativos distintos: la competición es vista como la más politizada, la más costosa, la más calurosa y la más contaminante, además de la más lucrativa para la FIFA. Más allá del espectáculo deportivo, el torneo podría pasar a la historia como uno de los más controvertidos.
Contexto geopolítico y tensiones migratorias
Una de las controversias más evidentes gira en torno a la relación entre Estados Unidos e Irán. En febrero, ambos países iniciaron una campaña militar que ha generado represalias en Oriente Medio y ha provocado que la selección iraní traslade su base de operaciones de EE UU a México. A principios de abril se anunció un alto al fuego, pero los enfrentamientos continuaron, lo que llevó al presidente estadounidense a advertir que la participación de Irán “no era apropiada” por motivos de seguridad.
Irán ha denunciado que EE UU niega visados a directivos y miembros del cuerpo técnico, y la federación iraní comunicó que sus jugadores deben entrar y salir de Estados Unidos el mismo día de cada partido de fase de grupos. La FIFA aseguró que está trabajando para “maximizar las oportunidades de que los seguidores iraníes asistan a los partidos”, aunque la prohibición de exhibir la bandera anterior a la revolución añade una dimensión política a los encuentros de Los Ángeles, donde reside una numerosa comunidad iraní.
Restricciones de ingreso y su impacto en aficionados y profesionales
Durante el mandato de Donald Trump, el presidente de la FIFA había señalado que excluir a ciudadanos de seis países mayoritariamente musulmanes del torneo vulneraría el reglamento. Sin embargo, en la edición actual, cuatro naciones —Irán, Haití, Senegal y Costa de Marfil— enfrentarán limitaciones de viaje que las autoridades estadounidenses justifican como medida de seguridad. Un análisis de la BBC muestra que más de una cuarta parte de los 48 países participantes enfrentarán prohibiciones, restricciones o altas tasas de denegación de visados.
Recientemente, la Asociación Internacional de la Prensa Deportiva denunció la denegación de visados a periodistas acreditados, y la FIFA informó que el árbitro somalí Omar Artan fue excluido de la lista de colegiados al no obtener permiso de entrada a EE UU. Estas situaciones refuerzan la percepción de que el Mundial está profundamente politizado, según declaraciones de figuras como Craig Foster, ex capitán de los “Socceroos”.
Precios de entradas y acusaciones de inflar la tarifa
El proceso de venta de entradas ha despertado críticas por los precios elevados. En 2018, la organización había previsto un máximo de US$1.550 para la final, pero la oferta oficial alcanzó los US$8.680. Ante la protesta de aficionados, la FIFA limitó la tarifa a US$60, pero mantuvo la práctica de la “tarificación dinámica”, que ajusta los precios según la demanda. La plataforma oficial de reventa aplicó una comisión del 30 % por cada entrada, lo que generó acusaciones de inflar artificialmente los costos.
Autoridades de Nueva York y Nueva Jersey iniciaron una investigación por presuntos engaños en la venta de entradas. Mientras la FIFA alegó haber vendido más de cinco millones de boletos y que todos los asientos se agotarán, medios como BBC Sport verificaron que aún existen entradas disponibles a precios nominales para partidos menos mediáticos. Además, el costo de los billetes de tren desde Nueva York hasta el estadio MetLife, sede de la final, se disparó de US$12,90 a US$150 antes de reducirse a US$98, lo que llevó al gobernador de Nueva Jersey a responsabilizar a la FIFA por la falta de subsidios al transporte.
Impulso económico y riesgos de “sportswashing”
El Mundial 2026 se presenta como la edición más lucrativa de la historia del fútbol, con una proyección de ingresos de US$9.000 millones y la redistribución de US$2.700 millones a las asociaciones nacionales en los próximos cuatro años. Sin embargo, organizaciones de derechos humanos como Human Rights Watch y Amnistía Internacional advierten que el evento podría convertirse en una “bonanza de sportswashing”, utilizada para mejorar la imagen de los países anfitriones mientras se exacerban problemas de control migratorio, represión y seguridad.
El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha sido señalado como parte del aparato de seguridad del torneo, y incidentes recientes, como el tiroteo a dos ciudadanos estadounidenses en Minneapolis, alimentan la preocupación pública. La Casa Blanca, a través del grupo de trabajo para la Copa del Mundo, ha prometido que el campeonato será “el evento deportivo más seguro y acogedor de la historia”, destacando la hospitalidad y el compromiso con la seguridad de EE UU.

