Paz inaugura un gobierno de tecnócratas y excluye a indígenas del gabinete boliviano

El juramento del nuevo gabinete del presidente boliviano, Rodrigo Paz, no fue solo un acto protocolar de traspaso de poder; fue una declaración política que marcó un quiebre simbólico y estructural con las últimas dos décadas de hegemonía del Movimiento Al Socialismo (MAS). El mandatario centroderechista, ungido tras un histórico balotaje que puso fin al ciclo de Evo Morales y Luis Arce, ha optado por un equipo ministerial compuesto casi en su totalidad por tecnócratas y figuras vinculadas al sector privado, excluyendo de plano a los movimientos indígenas y populares que fueron el corazón ideológico y base de sustentación del Estado Plurinacional.

La ausencia de rostros indígenas es un dato duro y difícil de eludir en un país donde, según el último censo de 2024, el 38,7% de sus 11,3 millones de habitantes se identifica como tal, principalmente de las naciones Quechua y Aymara. Atrás quedaron las imágenes icónicas de posesiones ministeriales con líderes campesinos y sindicales asumiendo carteras de Estado. Paz, quien llegó al poder con una amplia coalición que incluyó a figuras como el derechista Jorge Quiroga y el centroderechista Samuel Doria Medina, parece determinado a desmantelar la estructura simbólica del proceso de cambio impulsado por el MAS.

El giro hacia la eficiencia técnica y el manejo económico, en desmedro de la representación sectorial, se justifica en el diagnóstico de crisis que enfrenta el país. La agenda urgente de Paz es puramente material: resolver la escasez crítica de dólares y combustibles, y contener una inflación interanual que a octubre de 2025 ya superaba el 19%. Para enfrentar este panorama, el nuevo jefe de Estado ha delegado las carteras clave a un grupo de hombres de perfil económico y empresarial.

Viraje meritocrático frente a la urgencia económica

Entre las designaciones más significativas se encuentran José Luis Lupo en la Presidencia, Fernando Aramayo en Cancillería, Marco Antonio Oviedo en Gobierno, y los hombres fuertes del equipo económico, Gabriel Espinoza y Mauricio Medinacelli, en Economía e Hidrocarburos y Energía, respectivamente. Este perfil, enfocado en la gestión y la resolución inmediata de problemas, se alinea con el discurso de Paz, quien defendió su decisión ante la opinión pública.

«Durante 20 años se representó sectores… Hoy día, luego de una metodología de trabajo de 20 años, ¿Bolivia está mejor?», inquirió Paz en su primera alocución a los ministros, aludiendo a los fracasos de la gestión anterior. El mandatario insistió en que «es un momento de darle (espacio) a la meritocracia, a la eficiencia, a la transformación del Estado para darle servicio al pueblo», marcando la pauta de su gestión.

La magnitud del desafío económico respalda, en parte, el enfoque tecnocrático. La herencia del gobierno de Luis Arce es, de acuerdo con el propio equipo de Paz, dramática. Fuentes como Infobae y el periódico boliviano El Deber, han reportado consistentemente que Bolivia entró en recesión, con un Producto Interno Bruto (PIB) con crecimiento negativo de -2,4% en el primer semestre de 2025, una cifra no vista desde 1986.

La profundidad de la crisis inherente al cargo

Más allá de la cifra del borrador inicial, el panorama inflacionario es aún más sombrío, con el nuevo Ministro de Economía, Gabriel Espinoza, advirtiendo que la inflación anual podría superar el 27% a finales de 2025, y el déficit fiscal proyectado por encima del 11% del PIB (Infobae). Las Reservas Internacionales Netas (RIN) han caído a niveles críticos, a pesar de un leve repunte a octubre de 2025, en un contexto de desbalance comercial y energético, particularmente en el sector de hidrocarburos, el principal generador de divisas. La falta de divisas ha estrangulado la importación de combustibles, generando largas filas y pánico en las estaciones de servicio, y complicando las transacciones bancarias, en un eco de las previas advertencias que el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otros organismos financieros internacionales venían reportando desde inicios de año.

El Congreso, donde la coalición de Paz logró una amplia mayoría, será clave para la implementación de las medidas económicas, pero el panorama político es aún fracturado. La victoria de Paz, de hecho, se dio en el primer balotaje en la historia boliviana, reflejando un voto de desencanto y una profunda fragmentación en la oposición al MAS, cuya base electoral, incluyendo gremialistas y cuentapropistas, se volcó a la opción centrista de Paz debido al agotamiento del modelo político anterior, según reportó Urgente.bo.

La wiphala y la ofensa a la memoria colectiva

La ruptura con el modelo plurinacional no se limitó a los nombres, sino que se extendió a la simbología oficial. La ceremonia de juramentación se realizó ante una Biblia y un crucifijo, elementos que habían sido reemplazados por símbolos ancestrales indígenas durante los gobiernos del MAS, reafirmando una visión de Estado más cercana al conservadurismo histórico de la derecha boliviana.

El punto de mayor fricción, y el que acaparó la atención internacional, fue el retiro de la bandera wiphala —símbolo de los pueblos indígenas andinos y, en particular, de la nación Aymara— de la fachada del Palacio de Gobierno. Este gesto desató la inmediata condena del expresidente Evo Morales, quien a través de su cuenta en X (anteriormente Twitter) calificó la acción como «una ofensa para el movimiento indígena originario campesino y un intento de borrar la memoria colectiva».

Morales, quien permanece en su feudo del Chapare evadiendo una orden de captura por un caso de trata de menores que él niega, sentenció que el país ha transitado de «un Estado de inclusión a uno de exclusión». Esta crítica coincide con las preocupaciones levantadas previamente por líderes como Rut Alipaz, dirigente indígena amazónica, quien ya durante la campaña presidencial había denunciado que las plataformas de los candidatos, incluyendo a los aliados de Paz, ignoraban los derechos de los pueblos originarios y proponían reformas constitucionales que atentaban contra el modelo de tenencia colectiva de la tierra (Fuente: YouTube).

El desafío de Rodrigo Paz es mayúsculo. Ha optado por un camino de ruptura total con el legado del MAS, apostando a que la eficiencia administrativa y la resolución de la crisis económica podrán compensar la exclusión de casi el 40% de la población del pacto de poder. El tiempo dirá si el pragmatismo de la «meritocracia» puede gobernar a una nación tan profundamente marcada por su identidad plurinacional.

Pablo Ortiz
Pablo Ortiz

Periodista cultural. Cafeinómano y a veces esclavo del FOMO.