IATA pide a Venezuela reevaluar revocación de licencias a aerolíneas

La Batalla Aérea del Caribe: Venezuela Revoca Licencias y Aumenta el Aislamiento en Plena Tensión Geopolítica
La escalada de tensiones en el Caribe Sur alcanzó un punto crítico este jueves, después de que el Gobierno de Venezuela ejecutara la revocación de las concesiones de operación a seis aerolíneas internacionales clave. La medida, un golpe directo a la conectividad del país, se produce como represalia a la suspensión unilateral de vuelos por parte de las compañías, quienes actuaron en respuesta a una severa alerta de seguridad emitida por Estados Unidos días antes. La Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) ha intervenido públicamente, urgiendo a Caracas a reconsiderar una decisión que, según expertos, profundiza el aislamiento de la nación y pone en riesgo la reciprocidad diplomática en materia aeronáutica.
Las aerolíneas afectadas son gigantes de la aviación global: la española Iberia, la portuguesa TAP, la colombiana Avianca, la filial colombiana de la chileno-brasileña Latam, la brasileña GOL y la turca Turkish Airlines. Todas ellas habían optado por suspender sus rutas hacia el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, el principal de Venezuela, tras la advertencia de Washington. La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA) había instado a las aerolíneas a “extremar la precaución” debido a lo que calificó como un “empeoramiento de la situación de seguridad y el aumento de la actividad militar” en el espacio aéreo venezolano y sus alrededores. La alarma, difundida el pasado viernes, 21 de noviembre, detalló que las amenazas podrían impactar aeronaves en todas las altitudes, incluidas las fases críticas de llegada y salida.
En una movida diplomática y sectorial de alto calibre, la IATA, que agrupa a más de 320 aerolíneas en todo el mundo, emitió un comunicado urgente. El organismo internacional “urge a las autoridades venezolanas a reconsiderar la revocación de los permisos de operación”, subrayando que la prioridad de las compañías aéreas siempre fue la “protección de los pasajeros y de sus tripulaciones” , evitando operar en zonas con riesgo elevado. Según la IATA, las empresas perjudicadas “reafirman su compromiso con el país” y están dispuestas a restablecer el servicio de manera segura y eficiente “tan pronto como las condiciones lo permitan”. Este llamado, sin embargo, parece haber caído en oídos sordos dentro del Palacio de Miraflores.
La soberanía aérea como arma geopolítica
El Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC) de Venezuela fue el encargado de anunciar la fulminante revocación. En un comunicado emitido el miércoles, las autoridades venezolanas acusaron a las aerolíneas de “sumarse a las acciones de terrorismo de Estado promovido por el gobierno de los Estados Unidos” , al suspender sus operaciones de manera “unilateral”. Esta declaración recalca la visión del gobierno de Nicolás Maduro, que interpreta el despliegue militar estadounidense, que incluye la presencia del portaaviones USS Gerald R. Ford, como una “amenaza” directa bajo el pretexto de operaciones antidrogas en el Caribe, como se reportó desde Washington (fuente: Infobae).
El ministro del Interior venezolano, Diosdado Cabello, endureció la postura oficial al advertir que el gobierno es quien “decide quién vuela y quién no” y que si las aerolíneas no reanudaban los vuelos en el plazo de 48 horas otorgado, el mensaje era claro: “Quédense ustedes con sus aviones y nosotros nos quedamos con nuestra dignidad” . El ultimátum venció al mediodía del miércoles sin que ninguna de las seis aerolíneas retomara sus itinerarios, lo que llevó a la confirmación de la sanción.
La repercusión en el principal terminal aéreo de la nación, Maiquetía, fue inmediata: el aeropuerto amaneció el jueves con una actividad notablemente reducida. Las oficinas de las aerolíneas sancionadas permanecieron cerradas, reflejando el vacío logístico y la incertidumbre que afecta a miles de pasajeros. Una fuente interna de Iberia, citada por la agencia AFP, confirmó el deseo de la compañía de retomar los vuelos “lo antes posible” , aunque esto dependerá del desenlace de las conversaciones diplomáticas y la evolución del riesgo evaluado por la FAA.
Reacciones regionales y el efecto aislante
A nivel diplomático, la respuesta internacional no se hizo esperar. El ministro de Asuntos Exteriores portugués, Paulo Rangel, fue uno de los primeros en reaccionar, calificando la decisión venezolana de “desproporcionada” . Rangel anunció que su gobierno apelaría a los canales diplomáticos con Caracas, con la seguridad de la aviación civil como máxima prioridad. Cabe destacar que la aerolínea TAP, una de las principales puertas de conexión con Europa para la diáspora venezolana, es de capital portugués.
El impacto de la medida se extiende con particular fuerza en Sudamérica. La Aeronáutica Civil de Colombia (Aerocivil) , por ejemplo, había solicitado a las aerolíneas —incluyendo a su bandera, Avianca, y a Latam Colombia— un análisis interno de riesgo tras la alerta de la FAA, reafirmando la seriedad con que el sector toma este tipo de advertencias de seguridad aérea. Informes de la Aerocivil citados por medios regionales como El Tiempo señalan que la suspensión de vuelos ha afectado a más de 8.000 pasajeros solo en los primeros días del conflicto, lo que subraya la magnitud de la crisis humanitaria y de conexión que se gesta.
La decisión de revocar licencias no solo afecta a los viajeros y la logística comercial, sino que también amenaza con detonar un efecto dominó de reciprocidad. Una fuente especializada en transporte aéreo consultada por EFE en Ginebra advirtió sobre la alta probabilidad de que los países de origen de las aerolíneas afectadas tomen decisiones recíprocas de suspender los servicios aéreos con Venezuela, basándose en los principios de navegación aérea internacional establecidos en el Convenio de Chicago de 1944.
De materializarse estas represalias, se agravaría aún más la situación de un país que, de acuerdo con el mismo análisis sectorial, ya es uno de los menos conectados de Latinoamérica debido a problemas previos como las sanciones económicas y las dificultades para la repatriación de fondos por parte de las aerolíneas. En este tablero de ajedrez geopolítico, el cielo venezolano se ha convertido en el nuevo campo de batalla, con la IATA intentando mediar entre la soberanía del Estado y la seguridad operacional que exigen los estándares de la aviación civil global.


